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Hispania romana

 

La conquista de Hispania

               En el marco de la Segunda Guerra Púnica, los romanos desembarcan en Ampurias en el 218 a. C. y comienzan una campaña militar en la Península Ibérica. En el 209 a. C. conquistan Cartago Nova, y las legiones romanas al mando de Escipión en Africano derrota a los cartagineses en Baecula en el 208 a. C.

               A lo largo del siglo II a. C., Roma irá progresivamente sometiendo a los pueblos peninsulares. La muerte del caudillo lusitano Viriato en 136 a. C. pone fin a las Guerras Lusitanas iniciadas en el 155 a. C. Paralelamente, los celtíberos son derrotados en las Guerras Celtíberas entre el 153 y el 133 a. C., año en el que se produce la toma de Numancia, ciudad que prefirió resistir hasta la muerte antes que rendirse a los romanos.

En el 139 y el 133 a. C., Décimo Junio Bruto Galaico conquista el noroeste peninsular. Se cuenta que los romanos al llegar al río Limia, creyeron que era el río Leteo, el río del Hades que provocaba el olvido al ser cruzado.  Galaico cogió el estandarte y lo cruzó, llamando a cada legionario por su nombre, para que viesen que no había perdido la memoria. Tras la conquista del noroeste, funda Valentia (Valencia) para los legionarios veteranos.

En el 123 a. C., Quinto Cecilio Metelo Baleárico conquista las Islas Baleares, fundando la ciudad de Palma.

Durante el siglo I a. C., Hispania se convirtió en campo de batalla en las pugnas por el poder de la República Romana, como las Guerra sertoniana (82-72 a. C.) y la Segunda Guerra Civil Republicana (49-45 a. C.).

La conquista de Hispania finaliza tras el sometimiento del norte peninsular por el emperador Octavio Augusto, tras las Guerras cántabras (29-19 a.C.).


La división territorial de Hispania

La primera división administrativa data del año 197 a. c., en la época de la República romana. Hispania se divide en dos grandes provincias: la Hispania Citerior (la más cercana a Roma) y la Hispania Ulterior (la más alejada de Roma). La Citerior se extiende hasta el río Almazora (Almería) y su capital es Tarraco. La Ulterior se extiende por Andalucía, y su capital es Corduba.

            

        

    En tiempos de Augusto (27 a. C. – 14 d. C.), se lleva a cabo una nueva ordenación administrativa, dividiendo Hispania en tres provincias: Tarraconensis, Bética y Lusitania. La Tarraconensis tendrá la misma extensión que la Citerior. La Hispania Ulterior será dividida en dos nuevas provincias: la Bética, con capital en Corduba y la Lusitania con capital en Emérita Augusta, ambas separadas por el Guadiana.

      En esta época se establecen los conventum, subdivisiones judiciales de las provincias.  Los conventum de la Tarraconensis son Tarraco (Tarragona), Cesar Augusta (Zaragoza), Clunia (Coruña del Conde), Astúrica Augusta (Astorga), Lucus Augusti (Lugo), Bracara Augusta (Braga) y Carthago Nova (Cartagena). La Bética tendrá a Corduba (Córdoba), Astiji (Écija), Gades (Cádiz) e Hispalis (Sevilla). La Lusitania se divide en Emérita Augusta (Mérida), Pax Iulia (Bela) y Scallabis (Santarem).

Las provincias se dividirán en senatoriales (totalmente pacificadas) e imperiales (con fuertes guarniciones militares): la Bética es senatorial y la Tarraconensis y Lusitania son imperiales.

               En época de Diocleciano (284-305) se produce una nueva ordenación territorial: Tarraconensis, Cartaginensis, Gallaecia, Bética y Lusitania. En el 293 la Tarraconensis se divide en tres partes: Tarraconensis con capital en Tarraco, Cartaginensis con capital en Carthago Nova y Gallaecia, con capital en Bracara Augusta.





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