Hacia el 1200
a. C. comienza la floreciente civilización tartésica en la Vega Baja del
Guadalquivir. Esta cultura de la que hablan las fuentes antiguas (incluida la
Biblia) y de la que apenas sabemos debido a la escasez de yacimientos arqueológicos, convirtió en un gran enigma, y muchos ven en ella el origen de la leyenda de
la Atlántida.
Podemos destacar dos grandes periodos de la civilización tartésica: el periodo geométrico (desde el XIII a. C. hasta el 750 a.C.); y el periodo orientalizante (desde el 750 a. C. hasta el 550 a. C.) muy influenciada por fenicios y griegos jonios. El mítico rey Argantonio (670-550 a. C.) aparece en las fuentes romanas como gran amigo de los griegos.
Era una
confederación de ciudades-estado unificadas bajo un rey. Era un próspero
pueblo, que extraía oro y plata, además de otros metales, y que comerciaba principalmente
con fenicios y griegos, por ello, los fenicios establecieron colonias próximas
a Tartessos, como Gadir (Cádiz), Abdera (Adra) y Sexi (Almuñecar).
La derrota de fenicios
y jonios por babilonios y persas a mediados del siglo VI a. C., deja sin
aliados y mermado los intercambios comerciales a Tartessos, comenzado su
declive. Los cartagineses conquistan en el 500 a. C. la capital tartésica, lo
que supone el fin de Tartessos. Hoy su capital se encuentra bajo las marismas
de Doñana. Durante los siguientes siglos, los turdetanos ocuparán los
territorios tartésicos.


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